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2023-2026

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Gauchito Gil
Difunta Correa
Las doctrinas de Javi
Gauchito Gil
Iemanjá
Santos
Gilda
Las doctrinas de Javi
Padre Brochero
Iemanjá
Gardel, 2023
San Cayetano
Difunta Correa
San Expedito
Virgen de Copacabana
Gachito Gil
Padre Brochero
Ceferino Namuncurá
Iemanjá, 2023
Difunta Correa
Gilda
Iemanjá
Luján

Cada Viernes Santo, las calles de Yavi, un pueblo jujeño enclavado en la inmensidad de la Puna se llena con las “lloronas”, mujeres que bajan del cerro a cantar salmos durante la noche por el Cristo en la cruz. 

En Vallecito, San Juan, y en numerosos santuarios de todo el país, cientos de devotos se reúnen para ofrendar agua a la Difunta Correa, la santa que murió de sed para salvar a su hijo y a quien un pastor le pidió un milagro que ella supo cumplir.  El nicho 3635 de la galería 24 del Cementerio de Chacarita, donde reposan los restos de la cantante Gilda, está siempre cubierto de flores y exhibe decenas de placas de agradecimiento, mensajes escritos a mano y rosarios de plástico. Ofrendas que también se multiplican en el santuario erigido a la vera de la ruta 12, en Entre Ríos, el lugar del accidente que le quitó la vida, el 7 de septiembre de 1996, cuando se convirtió en “la Santa”. 
Entre la promesa y la búsqueda del milagro, entre el pedido de sanación y el agradecimiento, millones de mujeres y hombres despliegan sus creencias y prácticas religiosas a lo largo del país. En cualquiera de sus manifestaciones, se constata cuán fecunda es la religiosidad popular en la Argentina.  Los santos populares suelen originar sus cultos con rapidez, a veces sobre la base de un solo y dudoso milagro. Y con la misma facilidad pueden quedar librados al olvido. 

La fe mueve montañas y también cura los males del alma y del cuerpo. Ellos practican la devoción a seres que consideran divinos y a quienes atribuyen poderes sobrenaturales. También a personas “santificadas” que son constituidas, tras su muerte, en mediadores aventajados ante la divinidad. No hay dudas de que los santos representan una fuerza que los protege. De ellos reciben paz y fuerza espiritual. Su fe los sostiene y los moviliza. Desencantados con el mundo secular, cultivan una religiosidad profundamente vital y persistente que les procura una relación privilegiada con lo sagrado.

Esos milagros nunca son extraordinarios y siempre ocurren. A diferencia de los que no creemos, para ellos lo sagrado es una presencia concreta, que opera en su vida cotidiana. Por eso llevan sus pedidos al santo que produce milagros, prodigios o sanaciones que desafían la naturaleza de las cosas. En los santos populares, los fieles encuentran consuelo para sus almas tristes. Se esperanzan en que calmarán su dolor interior y encontrarán sentido a los múltiples interrogantes de la existencia.